Los tics son movimientos bruscos, simples o complejos, carentes de sentido lógico, que se producen de repente y sin la posibilidad de un control voluntario. Se considera que su activación está determinada por una necesidad; el intento de reprimirlos produce malestar, mientras que si no se les presta atención pueden desaparecer. Durante el sueño no se manifiestan.
A menudo constituyen la “caricatura de un acto natural”. Aparecen generalmente a una edad comprendida entre los seis y los ocho años, sin particular predisposición por cuanto respecta al sexo. Cabe sin embargo destacar el carácter familiar de tales manifestaciones; a menudo, en efecto, abuelos, tíos y primos han padecido también tics.
No se conocen bien las causas determinantes; en cualquier caso, es frecuente la asociación tic-rasgos obsesivos de personalidad, lo cual conduce a la formulación de una hipótesis psicológica sobre la naturaleza del trastorno.
Existen varias formas de presentación de los tics, así como diversas son sus localizaciones orgánicas: guiños con los ojos, muecas, movimientos de la barbilla o de la lengua, resoplar por la nariz, silbar, hipar, eructar, levantar los hombros, los brazos, las manos, etcétera.
El niño que presenta un tic es generalmente un niño tímido, inestable, ligeramente inmaduro, que no sabe canalizar su agresividad, que por tanto puede descargar sólo a través de un acto motor.
Los tics pueden ser transitorios si guardan relación con una situación circunstancial: enfermedad, intervenciones quirúrgicas, separación; tienden en cambio a cronificarse si son expresión de una personalidad neurótica. La respuesta del ambiente y sobre todo de los padres tiene gran relevancia en la evolución de los síntomas y en el pronóstico. Reñir injustamente al niño, reírse de él o castigarlo contribuirán sólo a agravar la situación:
la mejor actitud es ”no ocuparse del tic”.
• Cómo comportarse: como para cualquier otro síntoma o trastorno, es necesario recurrir al especialista, que determinará las causas y propondrá la solución más indicada para cada niño; no obstante, puede afirmarse en términos generales que, aunque se hayan realizado varios intentos terapéuticos, algunos niños seguirán presentando este trastorno cuando sean adultos.