La enfermedad grave tiene a menudo efectos desgarradores sobre la psique, que se fragmenta y reacciona con actitudes contradictorias entre esperanza y depresión, aceptación y rechazo,
LA PERSONA afectada por una grave enfermedad es un individuo con problemas, porque la enfermedad le obliga a abandonar costumbres, proyectos y sueños para quedarse en la cama, a veces lejos de su ambiente y de sus afectos, sintiéndose amenazado en su integridad física y alimentando sentimientos de ansiedad y miedo.
LA EXPERIENCIA DE LA ENFERMEDAD
Todos caemos enfermos alguna vez en la vida, aunque en la mayor parte de 1os casos se trate de episodios ocasionales que se resuelven en poco tiempo y sin grandes molestias. Estas situaciones, si son transitorias, no constituyen un trauma capaz de hacer mella en la personalidad del sujeto.
Existen por el contrario enfermedades más serias, graves o incapacitantes, que son fuente de sufrimiento, preocupación, ansiedad e ideas de muerte. En estos casos, la enfermedad trae consigo un cambio en las relaciones con los familiares y en las costumbres cotidianas, así como la suspensión más o menos prolongada de la actividad laboral.
En el momento en el que se instaura la enfermedad, se produce un malestar general o específico de uno o más órganos que induce al individuo a pensar en su cuerpo desde un punto de vista distinto y a atribuirle mucha importancia.
• El cuerpo, que en condiciones de salud había permanecido “silente” y había permitido el desarrollo de una vida cotidiana normal, se presenta ahora como un obstáculo, una limitación a los proyectos de la vida, se convierte en objeto de preocupación y de atención especial a expensas del interés por las personas y por el mundo que nos rodea.
El individuo enfermo ve además limitadas sus propias necesidades, desde las más elementales, como por ejemplo degustar los alimentos preferidos y descansar durante toda la noche, a las secundarias más elaborada, como la satisfacción de las relaciones afectivas o sociales o como la realización de sus posibilidades laborales.
La enfermedad se impone a la persona y modifica su forma de vida, constituyendo una amenaza para la autoestima del sujeto, a quien empieza a fallarle el sentido de su propia valía y de sus posibilidades.
El enfermo se siente débil, incapaz y necesitado de cuidados, y los sentimientos derivados de ello son de vergüenza, de sensación de inferioridad por la dependencia de los demás y de sentido de culpa (la enfermedad puede vivirse como un castigo por no haber respetado tratamientos o dietas). Inevitablemente, la experiencia de la enfermedad hace que el individuo reconsidere la fragilidad de la existencia, su propia vulnerabilidad: se puede estar mal, se puede morir... Ello da lugar a tristeza, depresión y a un sentimiento de inadaptación en relación al ambiente familiar y laboral, a lo cual se suma un sentido de culpa por la consciencia de que no se está respondiendo a las expectativas de parientes, compañeros y jefes.
Ver como reacciona y se defiende ante la enfermedad