LA PATOLOGÍA DELA CONDUCTA MOTORA
Hipercinetismo o Hiper-actividad.
Algunos autores anglosajones han dado a esta patología el nombre de MBD (disfunción cerebral mínima), caracterizada por una “desorganización de todas las esferas cognoscitivas, perceptivomotoras y afectivas, pero donde predominan la hiperactividad, la inestabilidad y el carácter impulsivo”. Cursa además asociada a trastornos de la atención, dificultad de aprendizaje, alteraciones de las relaciones interpersonales, inestabilidad emocional, disforia y agresividad.
• Cómo comportarse: la MBD responde al tratamiento con fármacos psicotónicos, y concretamente a las anfetaminas; mejora además con una terapia psicomotora.
La práctica de un deporte o de actividades desarrolladas en libertad al aire libre, así como consejos pedagógicos correctores, constituyen el mejor remedio a este problema.
Las disfunciones pragmatagnósicas.
La “praxis” es la capacidad para realizar un acto motor tendente a un fin (vestirse, lavarse, etc.). La “gnosis” es la capacidad para reconocer objetos o estímulos externos y su significado. Las disfunciones pragmatagnósicas se caracterizan por una grave desorganización del esquema corporal (la referencia a sí mismo) y de la representación espacio-tiempo.
Desde el punto de vista de la práctica clínica, se trata de niños incapaces de realizar correctamente los gestos que se les proponen o que consiguen realizarlos con vergüenza y torpeza, sobre todo si los movimientos siguen una secuencia rítmica (aplaudir).
Se manifiesta en tomo a los seis-siete años. Dicho trastorno cursa asociado a dificultad en la escritura, la lectura y el cálculo, problemas que influyen negativamente en la vida de relación del niño, en su aprendizaje escolar y en sus actividades de juego y deportivas.
• Cómo comportarse: se aconseja la terapia psicomotora unida a un apoyo psicológico al niño y pedagógico a los padres.
Nada es mejor que una sana actividad deportiva para el niño que sufre alteraciones de la motricidad