segunda parte de la esquizofrenia

Segunda parte de
LA ESQUIZOFRENIA

COMIENZA con un distanciamiento progresivo de la realidad y puede conducir a alucinaciones, trastornos psicomotores (en ocasiones con invalidez), crisis disodativas y manías de persecudón. Hoy día se considera que el autismo es el elemento
más característico de la psicosis esquizofrénica. Existen formas y evoluciones distintas.

EL AUTISMO

Considerado por algunos como un simple síntoma del proceso esquizofrénico, hoy día la mayoría de los expertos en este campo se refieren al autismo como elemento central y característico de la psicosis esquizofrénica. Se define con el término “autismo” o “delirio autista” la construcción por parte del paciente de un mundo propio, impermeable, impenetrable, hermético y al margen de todo. A medida que el proceso disociativo se estructura, el paciente va perdiendo el vínculo con la realidad, se aferra a fragmentos de imágenes, de sueños o de realidades; parece emerger de ese mundo cerrado sólo a través de la liberación de los instintos, que acaba con toda posibilidad de relación social, pero que le proporcionan satisfacción, alimentando de fantasmas su realidad, su mundo autista.

La experiencia vivida por el sujeto y reproducida en la descripción del síndrome disociativo se caracteriza por la angustia, y menos veces se vive con euforia y exaltación.
Está llena de alucinaciones, de intuiciones y de interpretaciones delirantes.
El mundo interior del paciente se halla especialmente alterado, siendo también muy intensas las sensaciones ligadas a las transformaciones corporales y a los cambios, que el autista vive con una sensación de extrañeza, como una alteración terrible e indescifrable que trata en cierto modo de proyectar al mundo externo. El paciente no tiene armas para defenderse de esta alteración y generalmente tiende a negar y a ocultar la angustia que siente, cayendo en actitudes paradójicas o pronunciando discursos sin sentido aparente.

También son muy intensas las experiencias de despersonalización y de influencia, y sobre todo la sensación de robo de pensamiento (radiaciones o fluidos captan su pensamiento y se lo arrebatan). Los temas delirantes más frecuentes, ligados a los fenómenos de despersonalización y de influencia, son los hipocondríacos, de metamorfosis, de espiritismo, de persecución, de envenenamiento, de megalomanía, acompañados siempre de una intensa actividad alucinatoria. El delirio forma y organiza el mundo acústico del paciente, un mundo interior cerrado a toda posibilidad de comunicación con el exterior, hermético.

Y el delirio se expresa a través de un lenguaje alusivo, simbólico, incomprensible para los demás; no tiende a la sistematización, sino que es fragmentario y, en su espontánea evolución, se empobrece hasta una fase terminal de desmoronamiento psíquico. Estas formas terminales, hoy día muy raras gracias a la terapia farmacológica y a la socioterapia, pueden presentarse como dominadas por comportamientos automáticos y estereotipados o por un lenguaje autístico esquizofásico o por una especie de soliloquio alucinatorio-delirante-confabulatorio. Probablemente fue la observación de numerosas formas de este tipo lo que en el pasado condujo a la adopción de la denominación de “demencia precoz” y que en la actualidad justifica ese concepto de la esquizofrenia ligado a su potencial evolutivo deficitario.

La escritura del esquizofrénico, como ocurre con el lenguaje hablado, se presenta también fragmentada, carente de cualquier conexión, con palabras sin sentido, adquiriendo a menudo las características de un collage en el que palabras, signos simbólicos incomprensibles, dibujos y otras originalidades conviven dando lugar a una comunicación escrita indescifrable.

FORMAS CLÍNICAS DE LA ESQUIZOFRENIA

Esquizofrenia simplex.

El comienzo (en la adolescencia o en la juventud) es muy insidioso y la evolución es progresiva y lenta. En general se observan como primeros signos el distanciamiento gradual de la realidad y la pérdida de interés por las actividades habituales, al mismo tiempo que aparecen deficiencias en el rendimiento intelectual, trastornos del comportamiento e inadaptación afectiva. El comportamiento se caracteriza por el aislamiento y la indiferencia.

Esquizofrenia hebefrénica.

Muchos la consideran la forma más grave de esquizofrenia y la menos susceptible de mejoras o de detenciones evolutivas. Es la forma que justificara en el pasado, en mayor medida que cualquier otra, la vieja denominación de “demencia precoz”. El comienzo se da en la adolescencia o la juventud y suele ser insidioso y progresivo como en la forma simple, aunque a veces es más repentino, presentando en tal caso importantes ataques de ansiedad y oscilaciones del estado de ánimo. La ambivalencia afectiva y la incoherencia de comportamiento se manifiestan en el ámbito de una fatuidad global, en la que los elementos más evidentes son la risa inmotivada y la sonrisa constante, los amaneramientos, las actitudes paradójicas y la ocupación en tareas imposibles como invenciones o descubrimientos grandiosos.

El comportamiento del sujeto es pueril, infantil. Los argumentos delirantes (y los arranques alucinatorios) están a menudo presentes, sobre todo con un fondo hipocondríaco y persecutorio, pero no son nunca estables ni sistemáticos. El lenguaje está hecho de numerosos neologismos. La evolución de la enfermedad consiste en el gradual empobrecimiento de la personalidad y en el deterioro mental, sobre todo en los casos no asistidos e incluidos en condiciones ambientales poco favorables.
Esquizofrenia paranoide.

Es la forma más frecuente entre las esquizofrenias y su comienzo tiene lugar a edades adulta o juvenil-adulta (de los 25 a los 40 años). No pocas veces episodios traumáticos favorecen un comienzo agudo, aunque éste puede ser también progresivo. El cuadro típico se caracteriza por un delirio organizado de tipo persecutorio, en virtud del cual el sujeto se siente víctima de hostilidades y de complots, logrando a menudo identificar a sus perseguidores en personas conocidas o en organizaciones políticas y religiosas.

La atmósfera del ambiente en el que el sujeto vive es de total desconfianza, y el consiguiente comportamiento puede orientarse en algunos casos hacia la total inadaptación y en otros casos puede ser tolerado o incluso valorado por el sujeto (en las formas menos evidentes o iniciales o con mayor conservación de la relación con la realidad) como consecuencia de “ofensas” sufridas. Las ideas delirantes de contenido persecutorio pueden también mezclarse con ideas megalomaníacas, hipocondríacas, místicas o de envenenamiento. Las alucinaciones, siempre presentes, son fundamentalmente de tipo auditivo, cenestesiopático y visual.

Esquizofrenia catatónica.

Es la forma hoy día más rara, al menos en relación a las descripciones clásicas, y la más influenciable por el tratamiento psicofarmacológico. El cuadro clínico se halla dominado por los trastornos psicomotores y vegetativos, tras los cuales pueden reconocerse los signos más característicos del proceso esquizofrénico.

Los síntomas psicomotores van de las manifestaciones acinéticas (inmovilidad, negativismo, mutacismo, catalepsia, estupor) a las hipercinéticas (agitación violenta, agresividad, impulsividad, logorrea, ensalada de palabras). Las manifestaciones acinéticas e hipercinéticas pueden presentarse aisladamente o bien alternarse o mezclarse entre sí. Los síntomas vegetativos van de la salivación excesiva a la hiperhidrosis y a la alteración del ritmo y de la profundidad del sueño.

Esquizofrenia pseudoneurótica.

Cada escuela aporta su definición propia y algunos autores no la consideran una forma clínica específica. En general, se la contempla dentro del ámbito de una patología que hace frontera entre estados neuróticos y psicóticos, en el ámbito de síndromes marginales en los que conviven síntomas propios de síndromes diferentes. Cuando es aceptado, el término de esquizofrenia pseudoneurótica indica:
• una modalidad de relación neurótica del paciente con el mundo, a la que se une una modalidad psicótica que se manifiesta durante la crisis (en la que, no obstante, no se pierde totalmente el vínculo con la realidad);
• una imposibilidad de detección de los elementos del síndrome disociativo, que quedan ocultos tras los síntomas neurótico

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