EL DESARROLLO EMOTIVO-AFECTIVO EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA


desarrollo emotivoLAS POSIBILIDADES que tiene un niño de crecer sano y de sentirse feliz están ligadas a la capacidad del adulto de saberle ofrecer lo que necesita de tal forma que cualquier exigencia del niño pueda verse satisfecha. Coherencia y autoridad son dos cualidades fundamentales si se desea ofrecer al pequeño un modelo de referencia estable.

Estudios llevados a cabo sobre el comportamiento del neonato han demostrado que, ya desde su nacimiento, el pequeño es capaz de sentir emociones que transmite al ambiente que lo rodea. Inicialmente las emociones agradables se expresan a menudo a través del estado de calma, mientras que el malestar, la tensión y el hambre se expresan a través del llanto y la agitación motora.

En las primeras semanas de vida las manifestaciones de las emociones tienen aún un carácter indiferenciado y afectan globalmente a todo el organismo. Se trata, en efecto, de reacciones no coordinadas, motoras y viscerales, que se registran cada vez que el niño es objeto de estímulos intensos, internos y externos, que él traduce en llanto uniforme.

Con el paso del tiempo y con la progresiva maduración de las estructuras neurofisiológicas, también las emociones empiezan a adquirir características más selectivas, condensándose en una especie de código que puede ser comprendido por quien se acerca al niño, permitiendo por tanto intervenir con modalidades más adecuadas.

desarrollo afectivoLa sonrisa y el balbuceo festivo dirigidos a la madre en los dos o tres primeros meses de vida es la primera respuesta al tono afectivo, índice de un primitivo acercamiento. Este proceso se completará cuando el niño sea ya capaz de reconocer la figura materna y de reaccionar con dolor cuando ésta se aleja de él y con miedo cuando se le acercan personas extrañas.

Al desarrollarse ulteriormente la función perceptiva y motora, integrada con datos de la experiencia real, el niño va lenta pero progresivamente ampliando su esfera afectiva, que se extenderá a más personas, situaciones y objetos; en efecto, hallará placer no sólo en presencia de la madre, sino también junto a personas que le son familiares, con sus pequeños amigos, con animales y juegos que poco a poco aprenderá a amar.

Como sucedía con el recién nacido, a edades sucesivas el hecho de experimentar satisfacción y placer posee una importancia fundamental no sólo en relación al desarrollo afectivo, sino también a todos los demás aspectos del proceso evolutivo.
los niños y sus relaciones afectivasSi el niño se siente contento y tranquilo, adquiere confianza en sí mismo, en su capacidad, en la responsabilidad y en el esfuerzo, esto es, reúne todos los requisitos necesarios e indispensables para poder proceder al descubrimiento del mundo y para enriquecer con nuevas experiencias su personalidad.

Si el niño está sólidamente construido desde el punto de vista psicológico, también su físico se verá favorecido; será activo y vivo y expresará su bienestar también a través de la elasticidad y la armonía de sus movimientos. Sin embargo, para que el niño experimente estados afectivos agradables debe ver satisfechas sus exigencias fundamentales. Es decir, es necesario que quien esté a su lado, sobre todo la madre, lo conozca bien y pueda garantizarle lo que necesita, en su justa medida, en un contexto familiar de tranquilidad en el que él pueda expresarse de forma libre y creativa.

 

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