LOS CELOS
Los celos constituyen una emoción que hace sufrir al niño. El nacimiento de un hermanito es, generalmente, una de las experiencias más duras a esta edad: acostumbrado a ser el centro de atención, admirado y mimado, el niño se encuentra de repente en la situación de tener que compartir su paraíso con un extraño llorón.
Hay niños que reaccionan a los celos poniendo en marcha conductas regresivas, otros con actitudes hostiles, dirigidas o trasladadas a otras personas o situaciones; otros, por último, reaccionan con comportamientos de renuncia y aislamiento.
No obstante, los celos ofrecen también un aspecto positivo; pueden en efecto inducir al niño a buscar soluciones alternativas, a ampliar y extender sus intereses, a orientar en otras direcciones su atención y su curiosidad.
Los niños son más susceptibles de sentir celos ya que el hecho de haber disfrutado, por razones obvias, de una gran dosis de atención desde su nacimiento, hace que cuando van creciendo y tienen que ir compartiendo esta atención con otras personas, adultos y niños (especialmente entre hermanos), alumnos, etc., puede resultarles difícil aceptarlo, sintiéndose desplazados y temiendo perder la atención y el afecto, casi en exclusiva, del que habían disfrutado hasta ahora. ¿Qué podemos hacer con los celos de los niños?
Es necesario enseñar al niño a compartir, recompensándole y felicitándole por ello. Asimismo, hay que darle muestras de que nuestro amor por él, aunque compartido con otras personas, es incondicional (o sea que siempre y a pesar de lo que haga vamos a quererle).
Por otro lado, es importante favorecer la posibilidad de que desarrolle al máximo sus capacidades, valorándolo por ello para que se sienta útil y capaz y así no sienta la necesidad de competir con los demás para ser aceptado y querido.
Tenemos que aceptar al niño como un ser único, sin comparaciones, para que se sienta integrado y que tiene un lugar en el corazón de los que quiere, sin tener que combatir con nadie para que no se lo quiten.
Celos por la llegada de un hermano
Es una reacción normal que se puede evitar o reducir siguiendo ciertas pautas 
¿Es necesario alarmarse ante el rechazo que el hasta ahora hijo o hija única siente hacia el nuevo miembro de la familia?
Los psicólogos consideran que es una reacción normal e incluso necesaria y advierten que los niños celosos pueden presentar síntomas muy variados como regresión a etapas evolutivas ya superadas (lloros continuos), trastornos emocionales o físicos (cambios de humor y cierta agresividad), que no siempre son fácilmente reconocibles como celos.
Todos estos problemas pueden controlarse en gran medida si los progenitores preparan a los pequeños para la llegada del bebé, fomentando sobre todo la autoestima y la confianza del menor y haciéndole partícipe de todo lo relacionado con la llegada del nuevo miembro de la familia. En definitiva deben actuar con mucho cariño, pero con firmeza y sin perder de vista sus criterios educativos.
Aunque los celos se suelen asociar a aspectos negativos, muchos expertos los consideran algo absolutamente natural por lo que no hay que alarmarse en exceso, aunque sí recomiendan ciertas pautas para intentar que se reduzcan y se controlen con el fin de que no lleguen a extremos más graves.
Por ejemplo, algunos autores opinan que los celos facilitan el desarrollo cognitivo y socioemocional. La doctora en psicología, Juncal Yubero, cree que los celos forman parte de una etapa normal y necesaria en el desarrollo evolutivo que ayuda a los niños a madurar
También es habitual que el hermano pequeño sienta celos de algún hermano mayor, bien porque observa que tiene ciertos privilegios de los que él aún no puede disfrutar por ser pequeño, o bien porque los progenitores muestren mayor interés y predilección por algún hermano concreto.
Esta situación no suele darse en la primera etapa de la vida de los niños, sino más adelante. De hecho la intensidad de los celos suele ir variando de unas edades a otras. La mayoría de los expertos opina que ante la llegada de un nuevo hermano la edad más conflictiva suele ser entre los tres y seis años, que es cuando surge una mayor rivalidad. Sin embargo, a partir de los seis o siete años los niños suelen tener una actitud de cooperación con los padres y madres y de mayor acercamiento al recién nacido.
En muchas ocasiones los síntomas de los celos son más que evidentes en los niños, pero a veces se pueden confundir con otros trastornos, lo que provoca que los padres acudan antes al pediatra que al psicólogo porque pensaban que tenían problemas físicos. Juncal Yubero, del Centro de Orientación Familiar Landu de Vitoria, explica que a veces los síntomas pueden confundirse con enfermedades físicas, impidiendo a los padres y madres distinguir si se trata de algo real o emocional.
Los síntomas más comunes
- Síntomas físicos. Dolor de tripa y vómitos, alteración o falta de apetito, alteración del sueño o necesidad de compañía para dormirse, supuestos dolores de varios tipos que pueden llegar a inventarse.
- Trastornos emocionales. Son desobedientes y negativos, sufren cambios de humor sin motivos aparentes, mayor agresividad, lloros continuos. Se suelen mostrar más mimosos de lo habitual, no quieren ir a la guardería, ignoran al bebé, no quieren hablar de él y hacen como que no existe y los intentos de llamar la atención de los mayores son constantes.
- Regresión a etapas evolutivas ya superadas. Casi siempre se trata de un intento de imitar al bebé para captar la atención de los padres y madres: el niño vuelve a hacerse pis en la cama, habla con voz o palabras infantiles, quiere volver a comer con rituales más infantiles como el biberón, etc.
Errores más comunes
A pesar de la buena voluntad de los padres en lo que respecta a la educación de los hijos e hijas, a menudo cometen importantes errores que les perjudican. Según señala la pedagoga Susana Niso, del Gabinete Bizia, una de las principales equivocaciones ante la llegada de un nuevo hermano es no hablar del tema con el hermano mayor. "Es importante explicarle que va a llegar un nuevo niño y que hay que cuidarlo, aunque tampoco es bueno cargarle a él con toda la responsabilidad. Se trata de hacerle partícipe de todo lo que va a suponer el nacimiento del nuevo miembro de la familia y explicarle qué cambios va a haber en la rutina familiar".
Una actitud muy perjudicial para los niños, en opinión de la doctora en psicología Juncal Yubero. "No es bueno crear un trato diferencial entre unos y otros. Los padres y madres deben valorar positivamente la diferencia de cada uno y ser conscientes de que no se puede educar a todos de la misma manera porque cambian muchas cosas. No pueden equipararles continuamente". La pedagoga Niso coincide en esta idea y resalta la importancia de no hacer favoritismos según el sexo, "o porque uno de los hijos o hijas sea el ojito derecho del padre o la madre. Cada niño es un mundo y hay que intentar tratarlos como iguales, potenciando y destacando las habilidades de cada uno, pero no comparándolos entre ellos".
¿Cómo deben actuar los padres y madres ante la llegada de un nuevo hermano?
Es recomendable que empiecen a seguir ciertos consejos unos meses antes de que nazca el bebé. Yubero explica que deben ir abonando el terreno y preparando al otro hermano o hermanos para el nacimiento, aunque tampoco recomienda hacerlo muy pronto para que no se les haga demasiado largo.
"Hacia el segundo trimestre es bueno hablarles de los cambios que se van a ir produciendo, pero deben hacerlo con un lenguaje que entiendan y sin saturarles con demasiada información. Deben hacerles entender la parte positiva de tener un nuevo hermano o hermana. Por ejemplo, haciéndoles ver todas las cosas bonitas que van a poder hacer juntos". En la misma línea, Susana Niso aconseja realizar algo similar a un juego de rol. "Antes de que nazca el hermano pueden coger un muñeco como si fuera un recién nacido e ir explicándole todo lo que van a hacer con el bebé, como darle el pecho y que sepa que él también lo hacía cuando era pequeño".
Otro momento clave para el que hay que preparar a los pequeños es la ausencia de la madre o el padre tras el parto, si el nacimiento es natural o a la ausencia de ambos si tienen que viajar al extranjero para adoptar. Los expertos recomiendan tratarlo con antelación: que el niño o niña sepa con quién se va a quedar y avisarle de todo lo que va a ocurrir para que no le cause inseguridad o sorpresa. Además se debe procurar que, siempre que se pueda, uno de los progenitores se quede con el pequeño para que no se sienta abandonado durante unos días. Por otro lado, la primera visita del niño al hospital también es un momento importante que debe hacerse con mucho tacto y cariño hacia el hermano mayor.
Consejos para evitar los celos
Una vez que el nuevo miembro de la familia llega a casa conviene seguir una serie de consejos con el fin de controlar los inevitables celos:
- Involucrar a los hermanos mayores en el cuidado del bebé para fomentar su independencia y responsabilidad.
- Recordarles cómo eran ellos de pequeños, qué cosas hacían, enseñarles fotos para que se acuerden y vean que también pasaron por las mismas cosas.
- Elogiar las cosas que hacen bien y reforzar su autoestima, algo muy importante durante esta etapa.
- Favorecer una vida familiar que involucre a todos los miembros de la familia.
- No comparar a los hermanos.
- Mantener los criterios educativos estables evitando consentirles demasiado: los niños son muy listos y aprenden rápidamente a beneficiarse de la situación y chantajear a los mayores.
- Es muy importante dedicar al hermano mayor un tiempo en exclusiva cada día.
- Tratarles con mucho cariño y paciencia, pero con firmeza.
- Intentar reír las gracias a los dos.
- Cuando hacen cosas mal hay que intentar dialogar con ellos más que regañarles, para que se den cuenta de qué han hecho mal e intenten corregirlo.
- Emplear más premios y estímulos que castigos y amenazas, teniendo claro que se trata más de premios afectivos que materiales. Una de las maneras de lograrlo es pasar más tiempo jugando con el hijo o la hija mayor.
MAS SOBRE CELOS