SEGUNDA JORNADA ANUAL 1986
Acto psicoterapéutico II
Dr.Eduardo (Tato) Pavlovsky
Hay una curiosa integración de la mesa con Gregorio Baremblit, Juan Carlos Volnovich y yo, que no dejamos de pertenecer al grupo Plataforma. Decía que era interesante, mientras hablaba Juan Carlos, la formación de la mesa ya impregna una posición clara de la institución. Porque si uno dice qué estamos haciendo nosotros tres acá. Estamos haciendo algo acá porque representamos por lo menos un sector del psicoanálisis, psiquiatría, de la psicología en Argentina. Pero un sector definido: ni siquiera somos Documento (el otro grupo que se fue); somos Plataforma. Y posiblemente, de lo que se definía en ese momento como el ala marxista del psicoanálisis. Estamos acá, invitados por la institución. Entonces es posible que nos repitamos, pero es bueno ver una misma problemática desde ciertos ángulos. Voy a intentar hablar de la relación entre el psicoanálisis y la izquierda en nuestro país. Psicoanálisis no es solamente la izquierda. Es decir, creo que estamos hablando de una experiencia, de una historia, de un movimiento que hemos sido nosotros. Y que evidentemente esto remite a recordar la historia del movimiento Plataforma Internacional y su destino.
En 1961, la Asociación Internacional Psicoanalítica decide abrir su veintiséis Congreso Internacional con un tema anzuelo de gran actualidad: “Protesta y revolución”. Hubiera pasado como un congreso más, entre las lujuriosas alfombras del hotel Hilton de Roma, si no hubiera aparecido un grupo de jóvenes psicoanalistas europeos, que bajo la denominación Plataforma Internacional, decidió celebrar un contra congreso paralelo en una cantina de las inmediaciones. Estos jóvenes invitaban a los colegas a discutir cuatro puntos fundamentales ignorados por el congreso oficial: primero, crítica a la formación del psicoanalista, segundo, significado, función y estructura de las sociedades psicoanalíticas; y cuarto, relaciones entre psicoanálisis e instituciones (falta el punto tres que no está pasado en el original –comentario del recopilador-). El grupo argentino, encabezado por Hernán Keselmann y Armando Bauleo, fue rápidamente visualizado como uno de los más productivos de ese encuentro internacional. Los antecedentes de ruptura eran escasos. Muchos psicoanalistas se habían separado de las instituciones analíticas de todo el mundo, pero la mayor parte de las veces por razones personales, y en pocas oportunidades por desacuerdo teórico-técnico con la organización. Nunca antes un grupo lo había hecho por razones ideológicas o políticas. “Queríamos poner al psicoanálisis al rojo vivo, queríamos aventurarnos, como Freud lo había hecho, introducir y poner al psicoanálisis en nuestra realidad histórica-social”, manifiesta Armando Bauleo en Cuestionemos
-2. El último encuentro celebrado por Plataforma en Viena, se tituló “La teoría y la práctica psicoanalítica a la luz de los diferentes caminos hacia el socialismo”. La fuerza del movimiento era el origen juvenil del cuestionamiento, que alcanzaba a la estructura institucional del psicoanálisis en su totalidad. Era también un cuestionamiento generacional, movimiento desde las bases. En nuestro país la ruptura con la Asociación Psicoanalítica Argentina se produce en 1971. El grupo Plataforma estaba constituido por jóvenes candidatos, miembros adherentes, titulares y algunos didácticos. La mayoría de ellos eran marxistas y peronistas revolucionarios. Fue, en un nivel, un modelo de ruptura ético-ideológica y la actitud tenía algo de sacrílega: se había quebrado la imaginería de la omnipotencia institucional de la APA; el psicoanálisis de izquierda se proponía la adecuación de su discurso a una práctica posible, y esta práctica era vivida como práctica de transformación, no de consolidación.
Significó también preguntarle al psicoanálisis cuál era su ética. Implicó ir más allá en el intento de relacionar a Freud con Marx. Fuera de algunos artículos válidos, la importancia de Plataforma estaba en esa respuesta al autoritarismo institucional, encarnada y expresada esta vez por psicoanalistas de izquierda. Fueron ellos los gestores de este movimiento antiautoritario que venía precedido por los antecedentes de las grandes movilizaciones estudiantiles y obreras del `68. Los trabajos de Plataforma y de Documento se agruparon en dos tomos: Cuestionemos 1 y 2. Hoy resulta difícil encontrarlos. La represión de los últimos años los tornó subversivos. Quedarán tal vez como documentos de un momento de ruptura en la larga historia del prestigioso movimiento del psicoanálisis en nuestro país. Más allá de los errores, más allá de las ingenuidades que cometimos, lo que se puede recuperar de esa ética a través del tiempo antiautoritaria, es que siempre hubo en sus enunciaciones algo de insoportable para el poder del psicoanálisis. No podíamos tal vez en ese momento de ruptura institucional, conocer los efectos de las inscripciones deseantes institucionales, históricas o socio-políticas que nos atravesaban. Estábamos gestando un movimiento y éramos partícipes activos, sujetos de esa especificidad, específica historia. Al separarnos de APA, arrastrábamos con nosotros la misma estructura autoritaria que habíamos combatido. Tuvimos la virtud de autodisolvernos para evitar nuestra propia iatrogenia institucional.
La historia de Plataforma y su destino no se empezó a escribir. Estamos todavía demasiado pegados al terror de lo inmediato. Recordar hoy la existencia de Plataforma es sólo el primer paso hacia la reconstrucción de una época demasiado olvidada por el poder del psicoanálisis durante la dictadura. Algunos de sus enunciados, como aquel que hablaba de la responsabilidad social del psicoanalista, cuestionan implícitamente el papel que les tocó jugar en estos años a muchos analistas. La ética de Plataforma fue reemplazada por una nueva ética: la ética del deseo como ética del mercado o ética del bienestar. La gran inquietud social del psicoanálisis oficial después de la dictadura, no borra su ignominioso silencio cómplice ante el terrorismo de estado. Nunca hubo tal florecimiento de institutos analíticos y tantos encuentros con invitados extranjeros como en ese momento. Pero en ninguno de esos eventos e institutos se escribió un solo trabajo que intentara siquiera denunciar el genocidio. El libro de reciente aparición en Francia, cuyo textos son alemanes, se refiere al psicoanálisis bajo el Tercer Reich. Se habla allá sobre lo que le ocurrió al psicoanálisis en aquella época y sobre la situación de quienes aceptaron continuar analizando a condición de rechazar al paciente alemán o extranjero, cuyo origen fuera judío (destacado por el compilador). Se menciona también el silencio que sobrevino después de la caída del nazismo. Ahora, recién ahora, se comienza a reflexionar sobre ese silencio, su significación, y además, sobre el sí del psicoanálisis a esa condición propuesta por los nazis. Espero que en Argentina no deben pasar tantos años para poder repensar las articulaciones entre dictadura militar, represión política extrema y complicidad con el terrorismo de estado. “Si es cierto –dice Castel- que una sociedad de clases se perpetúa en parte gracias al desconocimiento de los mecanismos objetivos que la hacen funcionar, y es por esto que la revelación de estos mecanismos tiene siempre un impacto político, una construcción teórico-práctica como el psicoanálisis, puede resultar tanto más útil desde el punto de vista de las clases sociales dominantes, si dispone de recursos suficientes para disimular y, mejor aún, para disimularse a sí misma la relación que tiene con la problemática del poder”. Miller decía en París, que le resultaba sorprendente la libertad que había tenido para hablar de psicoanálisis en Buenos Aires, durante la dictadura militar (destacado por el compilador).
En síntesis, un grupo de psicoanalistas se reunió para enunciar algo, antes lo imposible de decir. Y después de la enunciación, nos enfrentamos con la disolución del grupo interno. Intentamos tener acceso al más allá del grupo al que pertenecíamos, en lugar de limitarnos a expresarlo. Creo que lo importante fue nada más la enunciación de Plataforma, no su disolución. Pero ese tipo de enunciaciones creó modelos de intervenciones socio-analíticas transformadores. Hubo siempre un “mas allá de”.
Tal vez un grupo se debería valorar más por su capacidad de enunciación y no por su perdurabilidad. Porque cada vez que un psicoanalista intenta enunciar un más allá del grupo al que pertenece, pone en peligro al grupo enfrentándolo ante el absurdo, la muerte y la alteridad. Pero los psicoanalistas eliminan estos peligrosos enunciadores (William Reich, por ejemplo), y se aglutinan exteriores según la concepción de Guattarí. Creo que cada vez que el psicoanálisis enuncia un “más allá de”, transforma el enunciado en acto político, el “acting out” es el anticuerpo del grupo sometido.
El poder teme los grupo-sujeto, y facilita los grupos-objeto. Las dictaduras reprimen enunciadores y enunciados. Las democracias disocian la información de ciertos enunciados, los dejan afuera sin tocarlos. Pero los enunciados nunca mueren, son retomados por generaciones posteriores. Tal vez el futuro de la validez del psicoanálisis esté allí: en que l*s psicoanalistas arriesguen sus grupos-objeto y enuncien lo imposible a riesgo de enfrentarse con la muerte o el absurdo.
Hay una ética de la enunciación. Plataforma sólo lo intento.
Recopilación y digitalización:
Lic.Jorge Horacio Raíces Montero
Psicólogo Clínico
infopsicologia@ciudad.com.ar
http://ar.groups.yahoo.com/group/Raices_Montero











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